Marruecos

Medinas, Mezquitas y Desierto

Marruecos es uno de los países más diversos de África, con sus altas montañas, extensos desiertos, costas agrestes e intrincados callejones de las antiguas ciudades medinas y souqs. Desde las dunas del Sahara hasta las cumbres de las montañas Atlas, se define el estilo de vida de bereberes, árabes y Saharawis.

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Estás en Marruecos

map Marruecos
  • Marrakech

    En Marrakech se acaba el sentido de la dirección y el tiempo, siendo fácil perderse entre sus mercados, callejuelas serpenteantes y mezquitas. En la “Ciudad Roja del Sur”, fundada por los almorávides, se cruzaron las caravanas de los Imperios del África Negra y el Mar Mediterráneo. Un verdadero museo al aire libe lleno de sitios imperdibles.

  • Fes

    Fes es considerada el centro espiritual y cultural de Marruecos. La Medina (o ciudad amurallada) es Patrimonio de UNESCO y alberga la universidad más antigua del mundo. Callejones estrechos donde el tiempo parece haberse detenido y altos minaretes desafiando al cielo, llenan de magia cada paseo por esta ciudad.

  • Ouarzarzate

    Esta pequeña ciudad es la más grande del Sahara Marroquí y se la reconoce como La puerta del desierto, desde donde parten rutas por kashbas y pueblos berber. Está a los pies de la Montaña Atlas y cerca del valle del río Draa. Desde aquí se visitan desde Ait Ben Haddou hasta la Kasbah Taourirt, ambas Patrimonios Culturales de la Humanidad.

  • Essaouira

    Essaouira es familiar y al mismo tiempo exótica. Con sus murallas fortificadas, su puerto pesquero y las muchas gaviotas que la sobrevuelan. Estrechos callejones, la humedad, el olor a mar y a pescado. Ha sido llamada “la ciudad viento” y es un destino soñado para los amantes del windsurf. Essaouira tiene además una viva escena artística.

  • Dormir en el desierto y dar un paseo en dromedario

    En las dunas de Erg Chebbi, posiblemente las más grandes del Sahara, pasaremos una noche en una carpa tradicional o “haima”, rodeados de una naturaleza desolada y yerta, donde la noche es cristalina y los amaneceres y atardeceres, llenos de colores vivos y paz.

  • Caminar entre pueblos bereber en el Toubkal

    La segunda montaña más alta de África, el nevado Jebel Toubkal (4167m), está situado en el corazón de un parque nacional y ofrece un aire puro y fresco. Los senderos de montaña atraviesan por pueblos antiguos hechos de piedra y barro. Hay caminatas por 2 o más días.

  • Perderse en el azul de Chefchaouen

    La antigua medina, con sus casas encaladas en blanco y azul y sus tejas de terracota, es un lugar maravilloso para perderse. Con su aire Andaluz, Chefchaouen es hoy un centro “hippie chic” y un indudable paraíso fotográfico, lleno de rincones e interesantes sitios históricos.

  • Relajarse en un “Hammam” tradicional

    El olor de los aceites esenciales puros de jazmín, ylang ylang o argán, se mezclan con la pureza del jabón negro que uno se refriega en los miles de baños de vapor, o hammam, que hay en Marruecos en los hoteles, riads o spa. Una experiencia local, relajante e imperdible.

¿Cuántos días recomendamos?

Marruecos está al alcance de la mano si se va a Europa y es una escapada inolvidable. Pese a estar menos de una hora de vuelo desde Madrid o París, su cultura ha sido impenetrable y se aterriza en otro mundo. Puede visitarse por un fin de semana y hasta por 15 días, dependiendo del viajero y sus intereses.

  • Colores de Marruecos - 11 días

    Marruecos alberga en su territorio extensos desiertos de arena, altas montañas, grandes palmerales y míticas ciudades. Esta es una travesía por tierra desde Tánger a Marrakech, pasando por Fes y Chefchaouen a través de la ruta de las Mil Kashbahs y el Sahara. Habrá paseos en dromedario, mercados y remotos pueblos a los pies de la cadena montañosa Atlas.

  • Increíbles Ciudades de Marruecos - 12 días

    En las preciosas ciudades de Marruecos podremos respirar un aire repleto de frenéticos colores, vibrantes sonidos e intensos sabores. Conoceremos Marrakech, Essaouira, Rabat, Fes, Chefchaouen y Tánger. Marruecos es camaleónico, cambiante como las grandes metrópolis; y cosmopolita, como Nueva York o París.

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